Encender un Cigarro es Encender al Amor
Así es Hoy: Enciendo otro cigarro, lo sostengo en mi mano
y me doy cuenta que su humo me hipnotiza.
Un cigarro y su fugaz existencia cuando está encendido
se asemeja un poco al sentimiento que surge
cuando uno está enamorado...
Y no es que yo esté enamorado, porque, no lo estoy.
Y es por todos sabido que, odio al amor.
El cigarro mata, mata bastante, como a veces nos mata el amor.
Mata de ira, de rabia, de dolor.
Nos mata poco a poco y nos hace daño, irremediablemente.
Obviamente, señores, el amor, es algo más que tabaco envuelto cual tamal.
Pero es la envoltura la que nos confunde.
Por eso el amor es como la envoltura en la que viene el cigarro. Y la textura del papel arroz, atractiva, blanca y pura, es idéntica al amor.
Una envoltura, esconde.
Es una máscara de ilusiones, de ideas, de deseos.
Se oculta el amor tras ese manto blanco. Que mientras se consume, uno quisiera que jamás se acabara, pero es irremediable:
El cigarro se extingue.
Con el contoneo del humo, y su baile prohibido, y sus giros erráticos, pasionales, desenfrenados, motivados y llevados por el viento y su inercia, por su poder con el que levitan, dicen adiós. Como el cigarro. Como el amor.
Pero qué más da que el cigarro venga envuelto en papel de estaño, en papel de oro, o en papel de china; a fin de cuentas, el cigarro nos mata. Su humo se larga.
El cuerpo se vuelve adicto. Necesita Cigarro. Pide un cigarro a gritos. Pide Humo, Pide envoltura y vicio. Necesidad de amor.
Cupido no lanza flechas, por favor, eso es un cuento. Cupido lanza cigarros, que de pronto, nos consumen (como al tabaco).
Tengo miedo de encender otro cigarro....
Porque
terminamos humeados,
extintos,
llenos de cáncer. -------------------
y me doy cuenta que su humo me hipnotiza.
Un cigarro y su fugaz existencia cuando está encendido
se asemeja un poco al sentimiento que surge
cuando uno está enamorado...
Y no es que yo esté enamorado, porque, no lo estoy.
Y es por todos sabido que, odio al amor.
El cigarro mata, mata bastante, como a veces nos mata el amor.
Mata de ira, de rabia, de dolor.
Nos mata poco a poco y nos hace daño, irremediablemente.
Obviamente, señores, el amor, es algo más que tabaco envuelto cual tamal.
Pero es la envoltura la que nos confunde.
Por eso el amor es como la envoltura en la que viene el cigarro. Y la textura del papel arroz, atractiva, blanca y pura, es idéntica al amor.
Una envoltura, esconde.
Es una máscara de ilusiones, de ideas, de deseos.
Se oculta el amor tras ese manto blanco. Que mientras se consume, uno quisiera que jamás se acabara, pero es irremediable:
El cigarro se extingue.
Con el contoneo del humo, y su baile prohibido, y sus giros erráticos, pasionales, desenfrenados, motivados y llevados por el viento y su inercia, por su poder con el que levitan, dicen adiós. Como el cigarro. Como el amor.
Pero qué más da que el cigarro venga envuelto en papel de estaño, en papel de oro, o en papel de china; a fin de cuentas, el cigarro nos mata. Su humo se larga.
El cuerpo se vuelve adicto. Necesita Cigarro. Pide un cigarro a gritos. Pide Humo, Pide envoltura y vicio. Necesidad de amor.
Cupido no lanza flechas, por favor, eso es un cuento. Cupido lanza cigarros, que de pronto, nos consumen (como al tabaco).
Tengo miedo de encender otro cigarro....
Porque
terminamos humeados,
extintos,
llenos de cáncer. -------------------

0 Comments:
Post a Comment
<< Home